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Los centros de procesamiento de datos más extraños del mundo


Las ubicaciones de algunos de los centros de datos que actualmente existen en el mundo son dignas de las novelas de Julio Verne o Dmitri Glujovski. Si bien es cierto que la mayoría de ellos se encuentran en modernos edificios de polos tecnológicos e industriales, en Xataka hemos encontrado al menos diez que harían las delicias de cualquier aventurero. De una antigua base de submarinos nazi a unas instalaciones en el fondo del mar, pasando por minas abandonadas, búnkeres de la Guerra Fría e iglesias decimonónicas, estos son los CPD con las localizaciones más locas del planeta.

Una base de submarinos nazi en Marsella

La compañía holandesa Interxion ha aprovechado unas instalaciones para submarinos que los nazis abandonaron en Marsella durante la Segunda Guerra Mundial para construir unos de sus centros de datos. La empresa explicó en 2019, año en el que lo abrió, que había elegido esa antigua base, cerrada desde los años cuarenta, porque contaba con varias ventajas para el CPD: gran cantidad de espacio, proximidad al mar para la refrigeración y fuertes medidas de seguridad dado su origen militar.

Los nazis diseñaron la base para albergar hasta 20 submarinos, pero no llegaron a terminarla antes de su retirada y derrota.

Bajo el mar

En 2018 Microsoft decidió afrontar el problema de la refrigeración, uno de los retos más importantes a los que se enfrentan los constructores de centros de datos, con agua, mucha agua. Creó un CPD en el interior de un enorme cilindro metálico y lo sumergió en el fondo del mar, a unos 35 metros de profundidad, frente a las costas septentrionales de Escocia.

Las instalaciones contenían 12 racks con 864 servidores de bajo consumo y, tras dos años sumergidas para probar su funcionamiento, fueron extraídas en 2020 para comprobar si había funcionado correctamente y si sus componentes se habían conservado mejor o peor que en la superficie. Microsoft informó entonces de que el experimento había sido un éxito porque se había deteriorado menos que en tierra y su consumo energético había sido inferior gracias a la refrigeración natural del mar.

Antes protegían del Armagedón, ahora guardan datos

Interxion no es la única compañía que ha reutilizado instalaciones militares para emplazar sus centros de datos. La telco sueca Bahnhof reaprovechó un viejo búnker nuclear ubicado en Estocolmo para crear su CPD a 30 metros bajo tierra. Al igual que los holandeses, seguridad militar, refrigeración natural y espacio disponible -1.100 metros cuadrados- fueron los principales argumentos para elegir este antiguo refugio que actualmente acoge 8.000 servidores. Es el más grande del país escandinavo.

No muy lejos de allí, en la vecina Finlandia, otro búnker cumple en la actualidad funciones parecidas. En este caso se trata de un refugio antiaéreo de la Segunda Guerra Mundial que, para mayor peculiaridad, se encuentra situado en el sótano de una catedral ortodoxa de la localidad de Upsenki, en Helsinki. En estas instalaciones las temperaturas juegan un papel doble: de una parte, el frío exterior ayuda a refrigerar las instalaciones, de otra, el calor que generan los dispositivos se aprovecha como calefacción para unas 500 viviendas de la zona.

El culto al dato

El de Upsenki no es el único templo que se ha reconvertido en centro de datos. En Leeds, Reino Unido, la antigua capilla de Salem, construida en el siglo XVIII, alberga desde 2001 el CPD de la compañia de telecomunicaciones AQL, así como sus oficinas centrales, un bar y un auditorio para conferencias con capacidad para 350 personas que, como curiosidad, tiene el suelo de cristal y, bajo él, el centro de datos a la vista de cualquiera que entre al recinto.

Y un poco más cerca, en el barrio de Pedralbes de Barcelona, encontramos el centro de datos del Centro Nacional de Supercomputación de España, ubicado en la capilla del recinto de la Torre Girona, una antigua finca de veraneo de la burguesía catalana. Este edificio acoge el famoso superordenador Mare Nostrum.

Cerca del Polo Norte

Otra empresa que buscó en el frío escandinavo unas condiciones ambientales adecuadas para refrigerar su centro de datos fue Facebook. Los de Mark Zuckerberg decidieron ubicar en la remota ciudad sueca de Lulea, a escasos kilómetros del Círculo Polar Ártico, su primer CPD fuera de Estados Unidos en 2013.

En este caso, las instalaciones no tienen mucho misterio ni historia: es un centro de alta tecnología tan gris y moderno como cualquier otro, aunque, eso sí, sometido a temperaturas extremas buena parte del año que aseguran que los equipos no se calienten demasiado sin necesidad de invertir en grandes sistemas de refrigeración.

De picar piedra a almacenar datos

Una ubicación bastante popular entre los creadores de centros de datos particulares, además de las antiguas instalaciones militares y los templos, son las minas abandonadas. En las colinas del oeste de Pensilvania, la compañia Iron Mountain reaprovechó una antigua excavación de piedra caliza para abrir un enorme CPD que, según la empresa, tiene una superficie de más de 4 millones de metros cuadrados en diferentes niveles.

En Noruega, otra mina acoge el Lefdal Mine Center, que con sus 120.000 metros cuadrados es uno de los centros de datos más grandes de Europa. Se sitúa cerca de la población de Måløy, en la costa oeste del país escandinavo, una ubicación que permite refrigerar sus sistemas con las gélidas aguas del Mar de Noruega.

Sealand, la micronación que quiso comprar The Pirate Bay

El principado de Sealand, nación soberana cuyo territorio comprende las instalaciones de un antiguo fuerte militar del Reino Unido en el Mar del Norte, frente a las costas de Suffolk, Inglaterra, también acogió en su día un centro de datos, aunque fue abandonado.

El caso de este CPD fue muy sonado por las particulares características del país que lo acoge, una micronación autoproclama por un antiguo locutor de radio, y porque en 2007 The Pirate Bay quiso comprarlo para poder ubicar allí sus servidores sin que ninguna ley de copyright los persiguiese. Finalmente esa transacción no llegó a producirse.

 





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